26/02/2024

Rebelión de los productores agrícolas contra la burocracia de Bruselas



La Unión Europea (UE) produjo 269 millones de toneladas de granos en 2023, lo que implica una caída de 7% comparada con el año anterior; y cuando esto sucede, el parlamento Europeo con sede en Estrasburgo rechazó una propuesta para recortar en la mitad el uso de pesticidas en el bloque de 28 países, aduciendo que esta prohibición arriesgaría disminuir todavía más la producción de granos en el momento en que el alza del costo de la energía provocado por la Guerra de Ucrania y las sanciones comerciales impuestas a Rusia por EE.UU, ha aumentado en más de 100% los costos de producción, con todo lo que ello implica de un severo castigo para los agricultores europeos.

El resultado de esta votación ascendió a 299 sufragios en contra de la regulación y 207 a favor, con 121 abstenciones. Es la mayor diferencia en votos del Parlamento Europeo de los últimos 20 años. Según el Organismo ejecutivo del Gobierno de Bruselas – Comisión Europea / CE- el objetivo de la región es reducir por la mitad la emisión de dióxido de carbono en 2030, de acuerdo a los términos de la “Ley verde” aprobada en Estrasburgo hace 10 años.

Este mismo cuerpo normativo se propone multiplicar la biodiversidad así como los ecosistemas, con el objetivo de acortar el retraso de la UE respecto a EE.UU y China en la contienda mundial por responder al desafío del cambio climático o “calentamiento de la atmósfera”, que es el gran desafío del siglo XXI.

Europa enfrenta en este momento una verdadera rebelión de los productores agroalimentarios, y que se ha canalizado a través del bloque de la derecha y centroderecha del parlamento de Estrasburgo, por lo que la votación ampliamente mayoritaria anti pesticida fue una victoria de este sector y por extensión de los movimientos agrarios.

Por su parte, las elecciones locales de los Países Bajos otorgaron un triunfo significativo al movimiento populista de extrema derecha, esencialmente campesino, denominado BBB, que se impuso en todas las aéreas rurales y en los pequeños pueblos holandeses.

Esto implicó un severo golpe para la coalición centrista del premier Mark Rutte, que podría verse obligado a adelantar las elecciones generales.

El BBB ha liderado las violentas protestas de los productores agrícolas, que se manifiestan en un rechazo tajante al intento del Gobierno de la Haya de reducir por la mitad las emisiones de óxido nitrogenado, con el objetivo de combatir el cambio climático.

Hay que agregar que la Haya, en cumplimiento de lo dispuesto por el Tribunal Europeo, quiere reducir en más de 30% la producción agrícola de los Países Bajos, lo que es rechazado fervorosa y combativamente por los productores holandeses.

Los planes de la Haya se fundan en una decisión del tribunal supremo que divide las zonas agrarias en “Áreas protegidas” y “no protegidas”, y obliga a todas las unidades productivas ubicadas en las primeras o en sus cercanías a clausurar sus actividades, así como a reducir o eliminar su stock ganadero, o abandonar directamente la producción agrícola, para recibir en cambio una “compensación” del gobierno.

Se trata de un extraordinario ejercicio de ingeniería social de carácter absolutamente tecnocrático, que ha desatado un violento y militante rechazo de los productores agrícolas de los países Bajos, que son reconocidamente los de mayor capacidad de innovación y adaptabilidad tecnológica.

Se puede señalar, en síntesis, que en Europa se ha abierto una brecha cada vez más profunda entre la burocracia representativa y profundamente tecnocrática de Bruselas, por un lado, y la realidad de las necesidades y de la vocación cotidiana de los productores agrícolas, por el otro.

Acá no se trata de un mal entendido o de una diferencia generacional de ningún tipo, sino de un choque directo en toda la línea entre una visión hondamente centralizada y burocrática, propia de una lógica inanimada de las cosas, opuesta en forma absoluta a la lógica de la vida y de la reproducción propia de las actividades agrícolas.

Lo que está en discusión en definitiva es el sentido de la construcción europea, centrada en un lado en el carácter hipercentralizado y no representativo de Bruselas y la energía, la vivacidad y la iniciativa, de una sociedad civil encabezada por los productores agroalimentarios, que se vuelca a la centroderecha o incluso a la extrema derecha no por preferencias ideológicas sino como muestra de rechazo y ruptura con los burócratas Europeos.

Esto es lo que está en juego en Europa en el momento actual. Es mucho más que una cuestión campesina o agroalimentaria.



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