19/07/2024

“Ningún gobierno puede exigir privaciones incompatibles con la dignidad humana” | Lo dijo el papa Francisco ante participantes de un seminario sobre la crisis de la deuda global



“Ningún gobierno puede exigir moralmente a su pueblo que sufra privaciones incompatibles con la dignidad humana” afirmó el papa Francisco en un mensaje escrito originalmente en español y dirigido a los participantes de un seminario internacional sobre “Abordando la crisis de deuda en el Sur Global”, actividad promovida por la Pontificia Academia de Ciencias del Vaticano. Si bien en el breve texto, de apenas algo más de una carilla, no se menciona a ningún gobierno o persona en particular, no es difícil interpretar que la aseveración de Bergoglio también sale al cruce de dichos del presidente argentino Javier Milei, quien apenas unos días atrás afirmó que “si la gente no llegara a fin de mes ya se hubiera muerto” y frente a esta situación no se necesita la intervención del Estado porque “de alguna manera va a decidir algo para no morirse”.

El Papa hizo su discurso en una audiencia especial concedida a los asistentes del seminario, entre los cuales se cuentan economistas, académicos, dirigentes políticos y sociales de todo el mundo y autoridades eclesiásticas. Entre los participantes están el ex ministro de Economía, Martín Guzmán y el ex secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Béliz, quienes integran la Pontificia Academia de Ciencias. Del encuentro también toman parte, entre otros, Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía; Carlos Cuerpo, ministro de Economía de España; Fernando Haddad, ministro de economía de Brasil y la subdirectora gerente del Fondo Monetario Internacional, Antoinette Sayeh.

El propósito del seminario es “entablar un diálogo sobre la implementación de políticas que ayuden a solucionar el problema de la deuda que aqueja a muchos países del sur global, que aqueja a millones de familias y de personas en el mundo”, según lo manifestó el propio Bergoglio.

En la ocasión el pontífice hizo también una invitación a “que soñemos y actuemos juntos en la construcción responsable de nuestra casa común” porque “nadie puede habitarla con tranquilidad de conciencia cuando sabe que a su alrededor hay multitud de hermanos y hermanas con hambre y también sumergidos en la exclusión social y en la vulnerabilidad”. Para Francisco “dejar pasar esto es pecado, pecado humano, aunque uno no tenga fe, es un pecado social”.

“Después de una globalización mal administrada, después de la pandemia y de las guerras, nos encontramos frente a una crisis de deudas que afectan principalmente a los países del sur del mundo, generando miseria y angustia, y despojando a millones de personas de la posibilidad de un futuro digno”, dijo el Papa.

Según Francisco “para tratar de romper el círculo financiamiento-deuda sería necesaria la creación de un mecanismo multinacional, basado en la solidaridad y la armonía de los pueblos, que tenga en cuenta el sentido global del problema y sus implicaciones económicas, financieras y sociales”. Y agregó que “la ausencia de este mecanismo favorece el ‘sálvese quien pueda’, donde pierden siempre los más débiles”.

Para el Papa la cuestión de la deuda de los países tiene que solucionarse sobre la base de “los principios de justicia y solidaridad” para lo cual “es indispensable obrar de buena fe y con verdad, siguiendo un código de conducta internacional con normas de valor ético que tutele las negociaciones” y en base a “una nueva arquitectura financiera internacional que sea audaz y creativa”.

Porque, afirmó, “a los pueblos no les sirve cualquier forma de financiación, sino aquella que implica una responsabilidad compartida entre quien la recibe y quien la otorga”. Y “el beneficio que ésta pueda aportar a una sociedad depende de sus condiciones, de cómo se use y de los marcos en los que se resuelvan las crisis de las deudas que puedan producirse.”

Francisco recordó que Juan Pablo II consideraba que el tema de la deuda externa “no es sólo de índole económica, sino que afecta a los principios éticos fundamentales y es preciso que encuentre espacio en el derecho internacional” y respaldó la invitación que hizo su antecesor a “condonar las deudas o al menos reducirlas”.

Para Bergoglio una iniciativa de este tipo es “hoy más urgente que nunca, teniendo presente que “la deuda ecológica y la deuda externa son dos caras de una misma moneda que hipoteca el futuro”.

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