El látigo y la billetera es una de las más viejas estrategias del poder para controlar a los dirigentes políticos que mantienen cierta independencia. Esto es lo que ocurre en Tucumán, donde el gobernador Osvaldo Jaldo busca mantener a raya a los municipios. Este es el caso de Tafí Viejo, el que más población tiene después de la capital provincial pero es uno de los que menos dinero del Estado provincial recibe. “El criterio que utiliza el Poder Ejecutivo provincial es injusto, discrecional, arbritario y apartado de la legalidad”, afirma el legislador provincial Javier Noguera y exintendente de Tafí Viejo.
La frase del legislador peronista hace referencia a la distribución de fondos que hace Jaldo mediante el Acuerdo Fiscal Municipal. El dato curioso es que la administración de Jaldo utiliza como parámetro de referencia la cantidad de empleados públicos que tiene cada municipio. “Este criterio, además de injusto, lo que estimula es la promoción de la empleomanía estatal que se encuentra en las antípodas del Estado eficiente”, indicó Noguera.
Jaldo no niega el uso de ese parámetro y dice que “no se debe comparar los montos (que se envían a los municipios) con la cantidad de habitantes”. Por caso, el municipio de Banda del Río Salí, que tiene 1800 empleados y 77 mil habitantes, recibió en el primer semestre de este año 11.500 millones de pesos contra los 6.900 millones de Tafí Viejo que tiene 85 mil habitantes y menos de mil empleados municipales.
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