
Una vez más en nuestro país se presentan extrañas paradojas políticas. Mientras el presidente Milei y el reiterado ministro de Economía del establishment celebran el supuesto “exitazo” de su presentación neoyorkina ante los grandes de las finanzas del mundo, aquí crece la disconformidad en las mayorías del pueblo sometido a un creciente sufrimiento por la aplicación del plan económico libertario. Sin embargo, la reacción negativa no viene solo de sectores humildes y clases medias, también la mayoría de “los especialistas” que apoyan el rumbo mileísta advierten sobre las consecuencias del derrumbe de la actividad económica con su inevitable cierre de empresas, desocupación, caída del salario y jubilaciones; y la inminencia de una recesión cronificada. Los festejantes de Wall Street, el lugar en el mundo de la mayoría de ellos, en su euforia soslayan que por esas mismas calles la corporación financiera del City Group coloca a la Argentina entre las economías más frágiles del mundo, integrando un cuadro de deshonor junto a Pakistán, Sri Lanka y Turquía, coincidiendo con otras entidades financieras planetarias, quienes también ubican a la argentina del modelo austríaco-thatcheriano, entre los más expuestos a una crisis financiera. A esos señores de corazón helado, solo les preocupa como harán estos libertarios de tierras lejanas para pagar los US$ 10 mil que vencen este año y los US$ 21 mil del 2027. Claro que por aquí, núcleos productivos más importantes para el país que los financistas del norte también están preocupados. Un informe reciente señala que en el bienio 23/25 Argentina sufrió la mayor caída industrial del mundo, solo superada por Hungría. En realidad, el “novedoso” modelo de Milei no ofrece nada original. En abril de 1976, Martínez de Hoz, ministro de Economía de la dictadura cívico-militar anunciaba su “programa de recuperación y expansión de la economía”, cuya piedra basal también era la libertad de los mercados y la reducción drástica del rol del Estado. El plan actual de libertad extrema es, en términos de modelo económico, un símil de aquel que practicó el terrorismo de Estado: desapariciones, robo de menores y campos de exterminio. Así la dictadura genocida “removía los obstáculos”, en pos de la modernización y libertad de empresas.
Source link
Éxito neoyorquino versus fracasos barriales


More Stories
Murió Sara Luján, una de las primeras en sumarse a las rondas de Madres de Plaza de Mayo
Javier Milei alabó a Orbán y reafirmó la sujeción a Estados Unidos
Las cuatro M, un modelo que vuelve