
Miro el artículo de Página/12 que incluye el mapa interactivo que permite ver a cuántos metros de tu casa funcionaba un centro clandestino de detención. Ni lo dudo y escribo la dirección de la casa de mis padres en Tucumán. De inmediato aparece uno, luego dos, luego tres… y hay más, ocho, nueve y así hasta llegar a 14 . Decido detenerme. Hay más, muchos más, pero sólo miro estos y los recuerdos no tardan en aparecer. Pequeñas anécdotas, conversaciones y hechos que daban cuenta de lo que ocurría. Sorprende lo cerca que estaban y hasta lo cotidiano que era pasar por el frente de alguno de ellos y, para peor, lo común que era escuchar a muchos decir que no sabían nada, ni de esos antros del horror y mucho menos de los detenidos, de los asesinados y los desaparecidos. Era miedo y terror a ser incorporado a esa cacería, porque la mayoría sabía de alguien o tenía un familiar bajo las garras de la dictadura.
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