
De las patas civiles colaboracionistas con la dictadura, el ruralismo es la que más desapercibida pasó. Expertos en camuflarse, pocos repararon en su accionar golpista, sin embargo, fueron los más activos, los más radicales y los que primero “cobraron”, en lo económico. Rodolfo Walsh, en su conocida carta a la Junta Militar, calcula el “vuelto” que tuvieron por su participación en el golpe “en un aumento del 722 % en los precios de la producción animal en 1976, define la magnitud de la restauración oligárquica en consonancia con el credo de la SRA”.
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