
La basílica de Nuestra Señora de Luján, el templo mayor del catolicismo en la Argentina, se transformó en epicentro de las miradas políticas con motivo de la misa por el primer aniversario de la muerte del papa Francisco. Allí estuvieron todos los obispos con sus autoridades y el arzobispo Marcelo Colombo encabezando en su calidad de presidente de la Conferencia Episcopal. La convocatoria fue amplia: fieles, autoridades nacionales, provinciales, municipales, legisladores, dirigentes sindicales y sociales. Siguiendo a Francisco los obispos quisieron reflejar el espíritu de Francisco: una iglesia “de puertas abiertas”. Con “todos, todos, todos” como solía decir Bergoglio.
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Un homenaje a Francisco “a puertas abiertas”, pero con algunas ausencias

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