10/05/2026

Conflicto social y quiebre del consenso




Los verdaderos dueños del poder económico transitan aceleradamente del estado de “preocupación” al de “alarma”. Esa amalgama de empresarios supermillonarios, algunos de los cuales prefieren dar la cara oficiando de voceros de su sector corporativo, junto a sus editorialistas políticos y a los economistas “reputados”; coinciden en la afirmación que el núcleo del modelo mileísta es el obligado en el largo plazo. En los últimos tiempos incorporaron una salvedad: los “efectos secundarios” deberían ser atendidos, pero sin alterar el programa de estabilización: apertura de la economía, baja drástica del gasto público (educación, salud, cultura, ciencia, jubilaciones, inversiones, universidades, etc.). En suma, se trata de sustentar el plan, inclusive sosteniendo el propósito clave, de que se implementen las reformas estructurales que faltan: la tributaria y la previsional. Estos grandes capitalistas, tienen la íntima convicción de que “el momento es ahora”, para remachar el modelo que transforme radicalmente la matriz productiva y el conjunto de relaciones sociales, laborales y culturales, inclusive arrasando con las creadas por los liberales de la Generación del ´80, como la Ley 1420 de educación pública y gratuita, y la universidad fundada por los reformistas del ´18. En esa visión tendrán que caer las conquistas de la primera mitad del siglo XX, como la jornada de 8 horas, a la que consideran anacrónica; por lo tanto debe ser “modernizada”, y los avances más trascendentes en materia de derechos para los trabajadores conquistados durante el primer peronismo. Pero mientras despliegan esa estrategia y construyen su argumentación; se les vino encima una sensación de alarma por el quiebre del consenso presidencial, a la vez que deben encontrar la forma de “salir del pantano” en el que se metió el gobierno con mucha prisa y sin pausa. Para estos núcleos del poder real, el dilema planteado no debe diluir su axioma fundamental: lo que está en disputa no es la filosofía del modelo y su programa clásico, sustentado en políticas de mercado y equilibrio fiscal. Algunos reputados columnistas del diario económico “oficialista” color sepia, sugieren que la economía en su estado actual, necesita “un empujoncito” de políticas de estímulo. ¿Será acaso que el Toto de Wall Street se salga un poquito del dogma neothatcheriano? Ninguno de sus mentores y ejecutores anteriores lo lograron: Martínez de Hoz, Menem, Cavallo, De la Rúa, M. Macri. Además les cayó la roca de las denuncias de corrupción y latrocinios que involucran a los hermanos presidenciales y a sus funcionarios más íntimos, de las cuales todos hablan, aunque Adorni, según declaró en el Parlamento, de eso no habla ¿Fin? Muy parecida a la farsa de Molière de aquel “enfermo imaginario” que se deja engañar y embauca a los demás, para enmascarar sus propias falsedades. Por su parte, el Presidente sostiene con pertinacia su propia táctica propagandística, inspirada en los “11 principios goebbelianos” acusando de todos los males a su adversario, ahora los ” kukas”, kirchneristas, zurdos, trasladándole la culpa de sus propios despropósitos, aplicando aquello de “miente, miente, que si se repite mil veces, se convertirá en verdad”.



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