
“Tiene una emocionalidad importante y no definiría como un grito lo que hizo el otro día”, fue el comentario de la jefa del bloque de La Libertad Avanza, Patricia Bullrich, sobre la reunión de Gabinete en la cual -según versiones periodísticas- Javier Milei pegó más de un grito para defender a Manuel Adorni y la calló a Bullrich cuando ella intentó interrumpirlo. No es la primera vez que Bullrich habla de la “emocionalidad” de Milei: cuando era su contrincante en 2023, ella alertó sobre su “inestabilidad de emocional”.Bullrich viene mostrando de forma notoria su autonomía con respecto a la estrategia que ordena Karina Milei. La semana pasada, pidió públicamente que Adorni presentara “de inmediato” su declaración jurada para cerrar las revelaciones constantes de viajes y propiedades que tienen al Gobierno en jaque. Previamente, se lo había sugerido a Milei. El presidente salió en un estado bastante alterado desde Los Ángeles para contestar a lo que había dicho Bullrich, y sostuvo que no era un problema y que Adorni estaba por presentar los papeles. La realidad: Adorni no presentó nada.Bullrich se encontró con Milei en la reunión de Gabinete, donde Milei -según distintas versiones periodísticas- reiteró aquello de que quien no estuviera de acuerdo con sus decisiones se podía ir. Bullrich intentó acotar algo, pero Milei la mandó a callar, terminó su diatriba y se retiró sin dialogar con ella. Después de eso, Adorni asumió la conducción de la reunión y dijo: “Ya escucharon al Presidente, fue muy claro. Al que le guste, bien, y al que no, ya sabe lo que puede hacer”.“No definiría lo del otro día como un grito”, sostuvo Bullrich sobre ese encuentro en el ingreso a Jonagro. Si se observa con cuidado, Bullrich no negó el episodio, solo buscó bajarle el tono, con eso de que Milei “tiene una emocionalidad importante”.Luego, no quiso decir más nada al respecto: “Las reuniones de Gabinete tienen la privacidad de una mesa de gabinete”, afirmó. “Por supuesto voy a seguir participando”, remarcó sobre un episodio que marcó una distancia sobre los Milei y, sobre todo, que ella no se pliega a las directivas de Karina Milei, sino que comenzó a tener autonomía propia.Lo cierto es que no es la primera vez que Bullrich se refiere a la “emocionalidad” de Milei, incluso con esa palabra. Durante la campaña de 2023 (en la que Milei la acusó de “poner bombas en jardines de infantes” como parte de Montoneros, hay que decir todo), ella dijo que “los argentinos necesitan de los candidatos a presidente serenidad y templanza frente al futuro. Hasta hace poco tiempo Javier Milei hablaba muy bien de mí. No sé qué le pasó que dejó de hacerlo. Pero acá el problema no soy yo ni las mentiras y calumnias sobre mí”.“Me preocupa que, con esa misma inestabilidad emocional que Milei tiene a la hora de emitir juicios y falsas acusaciones sobre otros, haya diseñado su programa y sus propuestas”, le lanzó en su momento Bullrich. Y advirtió que “de esa inestabilidad surgen proyectos que dañan a los argentinos o son lisa y llanamente insostenibles, como la dolarización, la libre portación de armas o la privatización de la educación pública”.“De esa inestabilidad surge la idea de prometer reformas profundas sin poder político, sin tener gobernadores ni legisladores. Está claro que con más inestabilidad e incertidumbre los argentinos no salimos adelante”, insistió Bullrich, que poco tiempo más tarde le daría su apoyo para que ganara en el ballotage y se convertiría, meses más tarde, en su ministra de Seguridad. Y hoy, en el elemento libre que miran con peor cara desde el sector de Karina Milei.Bullrich sabía que estaba haciendo una jugada de riesgo cuando salió a pedir la declaración jurada de Adorni y a marcarle la cancha a todo el Gobierno. Sabía que iba a hacer enojar a Karina Milei y así pasó efectivamente. Pero la hermanísima no tuvo ninguna posibilidad de castigarla: por ahora, la necesita.
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Las maniobras de Bullrich, la “emocionalidad” de Milei y otra interna abierta

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