29/01/2023

Dolores, a la espera de los alegatos | Entre los reclamos de justicia, los vallados con flores y fotos de Fernando Báez, y la vida cotidiana



Desde Dolores

En la previa de los alegatos del juicio por el crimen de Fernando Báez Sosa –que tendrán lugar este miércoles y jueves– la ciudad recuperó algo de calma. Sus habitantes dicen que así es en realidad, no como lo viene siendo en el transcurso de este enero; aunque como departamento judicial es muy importante y hay antecedentes como el juicio por el asesinato de José Luis Cabezas. La última audiencia por el crimen de Báez Sosa fue el miércoles 18. Las vallas que rodean al Palacio de Tribunales están cargadas de fotos, banderas y leyendas, flores y velas. «Si no es perpetua no es justicia» es la sentencia que se observa en los carteles pegados en árboles, postes y todo tipo de locales del pequeño centro, y es la idea que predomina en la comunidad, que hizo suyo el dolor de los padres de la víctima.

El acompañamiento a Silvino Báez y Graciela Sosa

En la confitería del Hotel Plaza y en Mingo’s unas pocas personas desayunan. «Se fueron todos; van a volver hoy», se oye en una de las conversaciones, en alusión seguramente a los cronistas que se hospedan en el hotel. Frente a estos dos cafés está la Plaza Castelli, la más importante del lugar, símbolo del «Grito de Dolores» y rodeada de lo típico –iglesia, Municipalidad, escuela–. Está vacía. Graciela Sosa y Silvino Báez, presentes aquí desde el comienzo del proceso, pasan caminando por la vereda que la bordea. 

Una mujer que va en bici se detiene y abraza a Graciela. Una joven se presenta con su nombre –«Michelle»– y hace lo mismo. Los papás de Fernando están apurados. Silvino explica que van a tener una reunión en el Plaza –donde estuvieron hospedados unos pocos días, para después buscar privacidad en un departamento– con una persona que los «va a ayudar». 

El 18 de enero finalizó, con la 13° audiencia, la etapa probatoria. Este miércoles y jueves son los alegatos –primero es el turno de la querella y la Fiscalía, luego el de la defensa–. «Estamos muy ansiosos. Hubo un break, como se dice. Pero los abogados están trabajando a full. Todos los días hablamos con ellos. La verdad es que hay momentos en que queremos que termine ya», dice Silvino a Página/12, con música de pájaros de fondo. «Estamos cansados de la espera, a veces la espera cansa más que estar trabajando. Pero con fuerza y entereza para el final del juicio. Vinimos con un objetivo que es la Justicia de Fernando. Creo que estamos por buen camino y cerca de que esto termine bien», agrega.

Dice también que se sienten «bendecidos» por haber llegado a esta ciudad, donde fueron recibidos con «mucho cariño y amor». Todos quieren abrazarlos. A muchas personas los ojos se les empañan cuando recuerdan el abrazo que dieron a Silvino o Graciela. No obstante, no necesariamente los habitantes de Dolores solían acudir a los Tribunales en las audiencias. Es un acompañamiento más bien sentimental en la calle. Gran parte de la sociedad adhiere al pedido de perpetua para los ocho imputados. El tercer aniversario de la muerte de Fernando se cumplió aquí. El miércoles 18 hubo un acto en el anfiteatro al que asistieron 2500 personas. A los locales se sumaron amigos y familiares de los papás de la víctima, que llegaron de Buenos Aires y de Paraguay. También otras personas de Buenos Aires que querían apoyarlos.

Tanto se integraron Silvino y Graciela a Dolores que comenzó a circular el rumor de que se quedarían a vivir acá. Silvino se ríe. Eso surgió de un chiste, aclara. Uno de los motivos que lo impiden es el hecho de que tiene sus dos trabajos en la ciudad de Buenos Aires. El hombre toma de la mano a Graciela, cruzan la calle, y se sientan en una mesa al fondo de la confitería del hotel.

Fotos, banderas y carteles

Todo está cerca. Demasiado cerca. El departamento que habitan Silvino y Graciela queda a dos cuadras de la plaza; el Palacio de Tribunales, a una; el penal donde están los acusados, a seis.

Las vallas que rodean al edificio de Tribunales están cargadas de fotos, banderas y carteles con leyendas, flores y velas. Luce como una especie de altar y lo armó y lo cuida de la lluvia Graciela Arce, una docente jubilada de 65 años que vino desde La Boca para apoyar a los papás de Fernando. Está desde el comienzo del juicio. Ella colocó las primeras imágenes y luego otras personas agregaron más.

Delante de algunas de esas fotos se paró Graciela Sosa luego de las audiencias para dar declaraciones a la prensa. Aunque es una suerte de altar dedicado a Fernando hay también una foto de los imputados que los tilda de «asesinos» y una cartulina celeste con la misma imagen en el centro –los ocho en el banquillo–. Fibra negra, letra imprenta, grande: «Cadena perpetua». Una reja armada con alambre por sobre la imagen. Enumera ocho puntos: «lágrimas secas, cero empatía, asesinos, mentirosos, peor que un animal, racistas, soberbios, violentos». Y concluye: «¡44 millones contra ustedes!» «Condena ejemplar» se lee en otra cartulina blanca con letras negras.

«Si no es perpetua no es justicia» es la sentencia que se observa en los carteles pegados en árboles, postes y locales. La consigna aparece junto a la foto de Fernando. Otros carteles con la foto piden, solamente, «justicia».

«Si se puede comprobar que la idea de ir contra Fernando fue algo planeado creo que todos tendrían que tener perpetua, porque la mente de todos está mal, no sólo de los que le pegaron», dice Marcelo, quien prefiere no decir su apellido. «Va a haber perpetua, no sé si para los ocho. Para los demás, una condena fuerte. 10, 15… después lo atenúan. En mi pensamiento tendrían que estar los 10», opina Graciela Arce, con prendedor y barbijo con la foto de Fernando. «Cuando salió (Juan Pedro) Guarino me fui hasta la punta y le dije ‘no te creo nada. ¿Por qué no decís la verdad?’ El padre me miró y se fueron. A los padres les dije: ‘ustedes sabían lo que hacían sus hijos’.» «Que se pudran en la cárcel», postula una adolescente. «Si preguntás, el 80 por ciento de la población de Dolores quiere perpetua», concluye el recepcionista de un hotel. 

Juan Pablo Vallejos, de 23 años, atiende el bar La Ley, en diagonal a los Tribunales de Belgrano 141, y reflexiona: «A mí me dan lástima las dos situaciones. Me da lástima la familia de Fernando, porque lastimosamente perdieron a su hijo, de la noche a la mañana, y también me da lástima la familia del otro lado, que vive hace tres años con sus hijos presos, sabiendo que les van a dar perpetua. Aunque sean culpables hay una madre y un padre que sufren y ven que su hijo va a pasar toda su vida en la cárcel. No quita que hayan matado a una persona, pero como ser humano me da lástima». Esta es una opinión que suele guardarse porque lo acusan de «justificar» a los asesinos.

El mismo joven repudia «a la gente que viene de afuera a insultar» a los familiares de los acusados. «Llegué a escuchar ‘que lástima que no traje huevos para tirar’. No se puede justificar la violencia con violencia», expresa. Hubo incidentes el día de la última audiencia. Según él y también según otros testimonios, no los causaron personas de Dolores. También hubo agresiones en medio de una visita al penal. No se conocen los movimientos de los familiares de los imputados. Por el centro no se los ve nunca. «Se generó odio porque nunca comunicaron arrepentimiento. Los padres hablan de pelea y accidente; nunca reconocen la culpa de sus hijos. Y hablan de su vida y su salud. Se ponen en un rol de víctimas. Aún así, me da lástima», concluye Juan.

«De pueblo tranquilo a revolución»

Dolores tiene 40 mil habitantes y espíritu de pueblo. Está ubicada a medio camino entre Buenos Aires y Mar del Plata. En el ingreso, a los costados de la ruta, se venden reposeras; se promocionan sus termas; y un cartel informa que se trata del primer pueblo patrio. La plaza principal lleva el nombre de Pedro Castelli, militar que murió encabezando la revolución de los Libres del Sur contra Juan Manuel de Rosas. Sus habitantes son en su mayoría empleados públicos. La ciudad tiene un corsódromo y una fiesta de la guitarra. Los locales cierran a las 13 y reabren entre las 17 y 18. La siesta se respeta. Su intendente es Camilo Etchevarren, del PRO.

El Tribunal Oral Criminal 1 de Dolores abarca lo que sucede en 15 municipios. «Acá no hay mucho movimiento, pero como somos el centro fiscal todo lo que pasa en los alrededores de la zona termina desembocando acá. Este caso ha movilizado mucho«, dice Vallejos. «Esto sale de lo común. La ciudad está revolucionada. Es un cambio. De un pueblo tranquilo a una revolución, de golpe. Generó mucho movimiento en los negocios y en la parte hotelera», describe Guillermo, recepcionista del Plaza, quien recuerda que para el juicio del crimen de Cabezas –que se desarrolló en la misma pequeña sala que el de ahora– hubo «el triple de gente». Muchos recuerdan también que en 1996 Guillermo Coppola estuvo preso más de dos meses en la Unidad Penal N°6.

El impacto del juicio de Báez Sosa obligó a extender horarios en restaurantes y bares del centro. Como contrapartida, la señora que atiende la fiambrería Don Mateo, ubicada justo enfrente del penal de la calle Riobamba, cuenta que hace un mes que no vende prácticamente nada: la cuadra está vallada. Ahí están todos los móviles de TV en la tarde del martes, aunque no sucede nada relevante. Y ahí están estacionadas las dos camionetas que este miércoles a las 7.30, como ocurrió hasta ahora, trasladarán a los acusados y sus custodios hasta el Palacio de Tribunales.

A unas cuadras del centro, a un barrio con algunas calles de tierra y casas todas iguales, también llega el impacto del juicio. El merendero Maracaná es una de las instituciones que recibió donaciones de alimentos no perecederos de parte de Silvino y Graciela. También, la mamá de Tomás D’Alessandro –amigo de Fernando– llevó útiles. «Que con su dolor se hayan acordado de los que menos tienen es grandioso, no cualquiera lo hace. Uno estaría tirado en una cama. El único hijo… no les quise tocar el tema para no agobiarlos. Les contamos la tarea que hacíamos acá. Enseguida vinieron las mamás con los bolsones. La gente se emocionaba mucho, se llevaba feliz las cositas, llorábamos todos juntos», cuenta Andrea Alday, la mujer que maneja el comedor. También comenta que Graciela visitó a la mamá de Javier Ayuso, joven violado y asesinado en Dolores, a quien llevó «una caja de comestibles». 

Los móviles ingresan también a la sala de Tribunales donde se desarrolla el juicio. La abren para la prensa. En este espacio, ahora vacío y en silencio, se conocerá dentro de poco la sentencia. Se cree que eso será el 30 ó el 31 de este mes, aunque esto lo determinarán los jueces al finalizar los alegatos del jueves.



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