13/08/2022

El equilibrio de Sergio Massa al frente de la Cámara de Diputados | La construcción de poder en los pasillos del Congreso



– Ricardo, te tenés que desmutear.

– Se corta, presidente. ¿Afirmativo o negativo a qué tengo que decir?

– A las ganas de vivir. ¿Afirmativo o negativo?

– ¡Afirmativo presidente!

– Me alegra que tengas ganas de vivir, Ricardo.

El diálogo entre Sergio Massa y el diputado radical Ricardo Buryaile a principios del 2020, cuando la pandemia comenzaba a expandirse y el Congreso inauguraba las primeras sesiones virtuales, escenifica un poco el rol que el tigrense tuvo al frente de la Cámara de Diputados: un equilibrista que, entre chistes, chicanas y gags humorísticos, tejió un diálogo fluido con la oposición en un contexto, primero, de crisis sanitaria y, después, de intrincada paridad de fuerzas. Durante sus tres años como presidente de la cámara, sin embargo, el verdadero desafío de Massa fue sostener la unidad del bloque oficialista frente a las crisis que iban a sacudiendo al Frente de Todos. «Yo tiendo puentes», fue el leitmotiv del líder del Frente Renovador que, en 2015, había calificado de «ñoquis» a los dirigentes de La Cámpora y que más tarde terminó forjando una relación muy cercana con Máximo Kirchner, con quien navegó en tándem gran parte de su gestión. Si bien el acuerdo con el FMI desactivó la lógica de trabajo, el frente no se rompió y Massa logró continuar circulando entre las desavenencias del Presidente y la vice, tejiendo siempre una agenda propia vinculada a brindar un «alivio» a las clases medias. 

«El sello de Sergio es haber sostenido la unidad del FdT», resume un diputado cercano a Massa, a pocos días de que este asuma como flamante ministro de Economía. El tigrense siempre consideró su pasaje por la Cámara de Diputados como un lugar de transición, un espacio desde donde tejer alianzas con distintos sectores, exportar su perfil dialoguista y prepararse para desembarcar luego en Economía, desde donde sentaría las bases para una candidatura presidencial. En el proceso, sin embargo, sus colegas legisladores coinciden en reconocerle haber sido una pieza fundamental en la cohesión interna del bloque oficialista frente a los numerosos cimbronazos del FdT. «Es el único que nunca dejó de hablar con todo el mundo», agrega otro diputado más cercano al kirchnerismo, un sector con el que Massa debió aprender a tejer un vínculo luego de haber asegurado que iba a «meter presos a los ñoquis de La Cámpora» durante su campaña presidencial en 2015. En esa época, cabe recordar, La Cámpora tenía también una canción: «No pasa nada, si todos los traidores se van con Massa», se escuchaba en los actos. 

A pesar de esta enemistad pública, Massa terminó cultivando una relación muy cercana con Máximo Kirchner. Mientras Máximo fue presidente del bloque, el binomio M-M trabajó en tándem en Diputados, negociando con la oposición, sancionando leyes como la legalización del aborto o el impuesto a las Grandes Fortunas y surfeando muchas de las diferencias internas que surgían entre el presidente y la vice. El acuerdo con el FMI, sin embargo, significó un antes y un después, con el portazo de Kirchner a la presidencia y el quiebre de un bloque que votaba, por primera vez, de manera dividida en un proyecto de vital importancia para el Ejecutivo. Sin embargo, a pesar de las críticas que despertó en un sector del FdT la postura de la veintena de diputades que se resistieron a acompañar el acuerdo, Massa fue tajante: «A nosotros nadie nos echó en cara que no acompañáramos la reelección de intendentes, yo no voy a echarle en cara a nadie que no acompañe este acuerdo», aseguró el tigrense durante la reunión de bloque previa a la sesión que terminó aprobando el nuevo acuerdo con el FMI.

Paralelamente, mientras hacía malabares en el frente interno, Massa sostuvo también una relación aceitada con los principales referentes de la oposición, ya fuera de Juntos Por el Cambio como del interbloque Federal. La aprobación del acuerdo con el FMI, nuevamente, fue un ejemplo cabal de ese vínculo, pero también los últimos proyectos productivos – como Industria Automotriz – o de Alivio Fiscal. «Cuando había algo que no nos gustaba, nos decía de sentarnos y conversarlo. Siempre lo encontré muy accesible y cuando acordé algo con él siempre mantuvo su palabra», asegura un diputado de JxC acostumbrado a negociar con Massa que, incluso, le escribió para desearle éxito cuando se oficializó su nuevo cargo como ministro de Economía. 

En el recinto, mientras tanto, Massa se acostumbró a protagonizar diversas humoradas con legisladores de la oposición que siempre terminaban siendo levantadas por todos los portales. Como cuando una diputada del PRO se quejó de que, a pesar de estar sentada, el sistema no la registraba y Massa le explicó que el sensor funcionaba a partir de los 50 kilos. «Deme de comer un poquito más», bromeó Victoria Morales Gorleri, a lo que Massa, burlón, le respondió: «Ponga un libro por ahora, diputada». Esos idas y vueltas eran incluso recopilados a veces por el equipo de Massa, que buscaba instalarlo con esa imagen de showman. Lo mismo con los ya clásicos cruces de cada sesión con Fernando Iglesias, que muchas veces terminaban con el presidente de la Cámara llamándolo a callarse la boca después de sus constantes interrupciones (y con gran parte de la cámara aplaudiéndolo por haberlo hecho). 

Entre negociación y negociación, el líder del Frente Renovador fue impulsando también su propia agenda en Diputados. Con leyes como la suba del mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias o el Alivio Fiscal para Monotributistas, Massa se ocupó de operar no solo para que salieran con la mayor unanimidad posible sino también para que quedara claro que era él quien las impulsaba. En ese sentido, Massa siguió hablándole a la base social a la que siempre le habló: la clase media. «Las elecciones se ganan con plata en el bolsillo de la gente y dólares en el Banco Central», les dijo Massa a su tropa del Frente Renovador en un encuentro en San Fernando hace un par de semanas. Allí, ante la consulta de si se sumaría al gabinete nacional, respondió con su hit: «Lo importante es la unidad y que estemos todos remando para el mismo lado». 14 días después, Alberto Fernández estaba celebrando su designación como ministro de Economía. 



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