27/01/2023

«Flower of Scotland», el caso de la canción que fue más allá de «Muchachos» | La historia del tema folk que se convirtió en himno no oficial de los escoceses



El 17 de marzo de 1990, los escoceses vivieron una jornada histórica. Ese día, su selección de rugby derrotó a la de Inglaterra por 13 a 7 y se adjudicó el tradicional Torneo de las Cinco Naciones (competían además Francia, Irlanda y Gales; hoy es el Seis Naciones por la inclusión de Italia). Con su victoria en Edimburgo, los escoceses se alzaron con el trofeo de manera invicta: vencieron a sus cuatro oponentes.

Pero ese día ocurrió otro hecho que, aun sin el logro deportivo, también era relevante por sí solo. Al momento de los himnos, sonó el «God Save the Queen», pero solamente para los ingleses. Aunque Escocia es parte del Reino Unido, ese día se tocó otra canción, que se volvió un himno no oficial: «Flower of Scotland»

El origen folk

A comienzos de los 60 se había formado un grupo musical escocés, dedicado al folklore. Después de varios cambios, su formación fue un dúo, que adoptó como nombre definitivo The Corries. Formado por Roy Williamson y Paddy Browne, el dúo fue ganando popularidad en la segunda mitad de los 60.

Williamson, que era multi-instrumentista, fue el autor de la canción que excedería los límites de la música folk. La compuso en 1968. La letra alude a la batalla de Bannockburn, que tuvo lugar entre el 23 y el 24 de junio de 1314. En ese combate, el rey escocés Robert I derrotó a las tropas de Edward II de Inglaterra, en el marco de la primera guerra de independencia de Escocia. Se trata de la batalla que comienza en la escena final de Corazón valiente de Mel Gibson, tras la captura y muerte de William Wallace, el héroe nacional escocés

Le letra de Williamson dice así: «Oh Flor de Escocia, / cuando veremos / tus gustos de nuevo. / Que luchó y murió por / tu pequeñito Hill and Glen, / y se enfrentó a ellos, / al Ejército del orgulloso Edward / y lo envió a casa / a pensarlo de nuevo». Los últimos tres versos forman el estribillo, recalcando la victoria histórica, y reaparecen en las siguientes dos estrofas: «Las colinas están desnudas ahora, / y hojas de otoño / yacen gruesas y quietas, / sobre la tierra que ahora está perdida, / que aquellos tan queridos tenían, / que se puso en contra de ellos, / el Ejército del orgulloso Edward / y lo envió a casa / a pensarlo de nuevo»; dice la segunda. 

La tercera reafirma el componente nacionalista: «Esos días ya pasaron, / y en el pasado / deben permanecer, / pero todavía podemos levantarnos ahora, / volver a ser una nación, (que se puso en contra de ellos, / del Ejército del orgulloso Edward / y lo envió a casa, /a pensarlo de nuevo)». El cierre de la canción es la repetición de la primera estrofa.

El arreglo era básico. Williamson fue la primera voz, tocando una mandolina. Browne fue la segunda voz y tocó el bodhrán, un instrumento típico de percusión. El éxito fue inmediato. No solamente ancló en el nacionalismo escocés sino que además lo hizo en un contexto muy especial. A los pocos meses, comenzó la intervención militar en Irlanda del Norte, lo que recrudeció el conflicto y el accionar del IRA. El sentimiento en contra de los ingleses fue creciendo.

Una canción cada vez más popular

Con el correr de los años, la canción del dúo se impuso como símbolo del nacionalismo escocés. Se puso a la par de otras dos canciones, más antiguas. Una es «Scots Wha Hae», de origen gaélico, y que se traduce como «Los escoceses que tienen». La letra es de fines del siglo XVIII y remite a la arenga del rey Robert antes de la batalla de Bannockburn. La melodía hay que rastrearla en la edad media. La otra canción es «Scotland the Brave», que se dio a conocer en las postrimerías del siglo XIX

Sin embargo, la que ganó popularidad fue la canción comercial de The Corries. Esa popularidad se manifestó en el deporte, con hinchas que comenzaron a corearla en los estadios. De allí que las otras dos canciones quedaran relegadas a círculos políticos, mientras que «Flower of Scotland» ganaba las calles. 

La posibilidad de ganar invictos el Cinco Naciones, jugando de local, hizo que los dirigentes del rugby escocés optaran por usarla antes del partido con Inglaterra, lo cual además servía para canalizar a los hinchas que abarrotaron el estadio de Murrayfield y la cantaron con sus jugadores. Sirvió, además, como reconocimiento a Williamson. El autor del tema había sufrido de asma toda su vida y desde 1989 peleaba contra un tumor cerebral. Murió en agosto de 1990, cinco meses después de que «Flower of Scotland» sonara en Murrayfield.

El siguiente paso fue que llegara al fútbol. Los dirigentes de la federación escocesa imitaron a sus pares del rugby, lo cual le dio mayor visibilidad a la canción. El propio Ronnie Browne la cantó antes del comienzo de un partido. El 10 de junio de 1998, Escocia enfrentó a Brasil en el partido inaugural del Mundial de Francia. Ese día, el mundo entero le prestó atención, por primera vez, al himno no oficial de Escocia, que meses más tarde pasó a tener su propio parlamento y un gobierno regional.

«Bella Ciao» y el fútbol

Hay otros dos casos que merecen considerarse de canciones que tienen significación más allá de sus orígenes, y que entroncan, en algún punto, con el «Muchachos» de La Mosca reversionado para el Mundial de Qatar. Uno es «Bella Ciao», el histórico himno de los partisanos que combatieron al fascismo en la Segunda Guerra.

La canción llegó a tener una versión de Quilapayún en Chile y se convirtió en un símbolo musical de la izquierda. Sin embargo, sufrió una recontextualización absoluta cuando se la utilizó como banda sonora de la serie La casa de papel. El grueso de sus espectadores nunca asociaron la melodía a la lucha contra Mussolini, y tomó como «la resistencia» (así se definen en la serie) a un grupo de asaltantes. 

Mucho antes de eso, «Bella Ciao» había sido adoptada como canción por los hinchas del Livorno, en el fútbol italiano. Pero no es que tomaron la melodía y le pusieron una letra alusiva al equipo, como pasó con, por ejemplo, «Yo tengo fe» de Palito Ortega. Curva Nord, el grupo de hinchas del Livorno, canta la canción con su letra combativa y antifascista. El contraste es notable ante equipos como la Lazio, con sus hinchas identificados con la extrema derecha. O contra el Milan.

El equipo lombardo está identificado con el hacedor de sus grandes logros deportivos antes de saltar a la arena política: Silvio Berlusconi. Al momento de jugar contra el Milan, los tifosi del Livorno entonaban (ya no juegan contra el Milan porque se fueron al descenso) con mayor fervor el «Bella Ciao» acompañado del grito Berlusconi pezzo di merda! («pedazo de mierda»).

El «Canto a la Libertad» de Labordeta

El otro caso es el «Canto a la Libertad» de José Antonio Labordeta. «Habrá un día / en que todos / al levantar la vista, / veremos una tierra / que ponga libertad», dice la letra escrita en 1975, el año de la muerte de Francisco Franco. Labordeta era oriundo de Zaragoza, la principal ciudad de Aragón. Con el correr de los años, merced a la popularidad de la canción y a que Aragón consiguió ser una comunidad autónoma, se sumaron voces en favor de que el «Canto a la Libertad» fuera elegido como himno oficial de la región.

La canción no menciona en su letra a Aragón y es una himno a la hermandad, a la solidaridad. «Y los campos desiertos / volverán a granar / unas espigas altas /dispuestas para el pan, / para un pan que en los siglos / nunca fue repartido», dice en un pasaje, que no podía ser del agrado de la derecha española. De hecho, Labordeta llegó a ser diputado del parlamento español por un partido socialdemócrata de Aragón y se destacó por sus cruces con el Partido Popular en tiempos de José María Aznar.

El cantautor falleció en 2010. Tras su muerte, se acrecentó la presión para que el «Canto a la Libertad» alcanzara el status de himno. Sin embargo, la derecha se hizo del poder en la región y el Partido Popular vetó la propuesta



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