28/03/2023

Los policías que mataron a Lucas González dicen que fue por «legítima defensa» | Los integrantes de la brigada porteña sostuvieron que no cometieron ningún delito



Actué en cumplimiento del deber, ejercí mi legítima defensa y no cometí ningún delito”, repitieron Gabriel Isassi, Juan José Nieva y Fabián López, los tres integrantes de la brigada de civil de la Policía porteña acusada del homicidio agravado de Lucas González, en sus escuetas declaraciones del primer día del juicio por el crimen del chico de 17 años. La defensa de los tres acusados, encabezada por el mismo abogado que defendió a Luis Chocobar, mostró así las primeras líneas de una estrategia orientada a argumentar que los policías balearon al auto de Lucas y sus amigos cuando los “embistieron” al intentar huir. “Venimos por la justicia y por la verdad”, dijo Héctor González, el papá de Lucas, en la previa del juicio. 

«Legítima defensa»

Cuando Gabriel Isassi se paró y se dirigió hacia el estrado, Héctor González ya no estaba en la sala. Minutos antes, el Tribunal Oral Criminal N°25 le había explicado a él y a Julián, Joaquín y Niven, los tres amigos de Lucas, que no podían presenciar las indagatorias porque ellos aún no habían declarado. Sí estaba en el Salón Auditorium de Comodoro Py la gran cantidad de amigos y familiares de Lucas que llegaron al lugar desde Florencio Varela. “Asesino”, susurraban algunos, con los ojos llorosos, mientras Isassi se sentaba frente al tribunal. “Voy a declarar y no voy a recibir preguntas de ninguna de las partes”, fue lo primero que dijo el hombre de 41años, oficial inspector a cargo de la Brigada N°6 acusada por el homicidio agravado por premeditación, alevosía, por ser cometido por fuerzas policiales y por odio racial y por placer.

De inmediato se autoelogió: “Solamente tengo que decir que poseo veinte años de servicio en la Policía, dentro de tres fuerzas: la Policía Bonaerense, la Metropolitana y la de la Ciudad. En las tres fuerzas fui condecorado y no tuve ninguna sanción, me desempeñé de la mejor manera”, dijo. En el público los susurros se transformaron en murmullos generalizados: “Caradura”, se escuchó entre el ruido. Entonces el oficial inspector dio su postura sobre lo ocurrido la mañana del 17 de noviembre de 2021: “Estoy seguro de que actúe en cumplimiento del deber, de que ejercí mi legítima defensa y de que no cometí ningún delito”, aseguró, y los murmullos se transformaron en gritos.

A Isassi lo siguió Juan José Nieva. Es el oficial que manejaba el Nissan Tiida no identificable que ocupaban los tres agentes. Es, también, quien asegura haber resultado lesionado esa mañana, después de interceptar a la Surán de los cuatro chicos en el cruce de Iriarte y Vélez Sarsfield. En sus indagatorias de instrucción, los tres agentes, que en esas ocasiones reconocieron haber disparado, aseguraron que lo hicieron para “repeler” el “ataque” del auto de los chicos cuando intentaban huir de la balacera. En esta ocasión, sin embargo, la declaración de Nieva no ahondó en la lesión que le habría producido el auto en su huida, sino que fue mucho más escueto: “Ejercí mi legítima defensa, no cometí ningún delito”, fue la declaración del oficial, en línea con la de su superior Isassi. El oficial mayor Fabián López, el restante integrante de la brigada y expolicía federal, fue por el mismo lado: “En este hecho cumplí con mi deber, ejercí legítima defensa y no cometí ningún delito”, remarcó.

Entre los testimonios se repitió una discusión entre el bloque acusador y el abogado defensor, Fernando Soto, mismo abogado que defendió a Luis Chocobar. Es que tanto el fiscal de juicio, Guillermo de la Fuente, como Gregorio Dalbón, abogado de la querella, pidieron que se incorporaran por lectura las indagatorias realizadas a los tres policías durante la instrucción. El detalle no es menor porque en esas ocasiones los agentes sí brindaron un relato sobre lo ocurrido: dijeron que estaban en la zona haciendo tareas de campo por orden de la Fiscalía especializada en delitos vinculados a las drogas, que vieron al Surán hacer raros movimientos en Iriarte y Luna, que los siguieron, que pusieron sirena, los interceptaron y, tras identificarse al grito de «policía», dispararon. 

“El
señor ha dicho lo que ha querido, pero lo cierto es que no puede hacernos
olvidar lo que había dicho en la instrucción”, espetó De la Fuente, mientras que Dalbón lo acompañó al señalar las «contradicciones» entre la declaración en el juicio con la de la instrucción. El pedido de los acusadores fue rechazado por el tribunal, que consideró que las escuetas declaraciones son válidas por sí mismas. Las declaraciones de los tres amigos de Lucas quedaron para la próxima audiencia, el 28 de marzo. Allí contarán lo que vivieron ese día. Desde el primer momento aseguraron que la brigada nunca se identificó, que los interceptó violenta y sorpresivamente, y que sin mediar aviso se bajaron del auto para comenzar a dispararles. 

«Emprolijar»

Cerca de las 16.30, en los parlantes del Auditorium resonaron las voces de dos policías cuando en la sala se reprodujo la conversación telefónica que Rodolfo Ozán, comisario de la Vecinal 4A, y Fabián Du Santos, comisario de la 4D, tuvieron a las 9.59 del 17 de noviembre, media hora después de la balacera. “¿Qué pasa Rodo, se mandaron un moco?”, se escuchó en los parlantes en la voz de Du Santos, en el inicio de la conversación que se desprendió del peritaje a su teléfono y que este diario publicó en diciembre de 2021.“Un mocazo”, responde Ozán para luego contar que ya mandó a buscar «lo que sea» para justificar el hecho y pedirle a Du Santos que llame al «Perro» Romero, comisario de Brigadas, para «emprolijar esto». Ozán y Du Santos eligieron no declarar, por lo que no dijeron nada sobre el audio.

Solo dos de los imputados por el encubrimiento eligieron declarar en el juicio: fueron Juan “El Perro” Romero y Roberto Inca, comisario y subcomisario de la División Brigadas y Sumarios de la Comuna 4, superiores directos de Isassi, López y Nieva. En una estrategia común, los dos brindaron relatos similares sobre lo ocurrido ese día: Romero dijo que estaba en Padua cuando ocurrieron los hechos, remarcó que eso queda a 40 kilómetros de Barracas y que nunca tuvo contacto con Lucas, porque cuando llegó ya lo habían trasladado. Inca, en tanto, dijo que estaba en la comisaría, a “30 cuadras del hecho”, subrayó, y que tampoco vio a Lucas.

Sobre lo que pasó en Alvarado y Perdriel, la esquina en la que detuvieron finalmente al auto de los chicos, Romero e Inca profundizaron un detalle específico: los tiempos de la consulta judicial. Es que Inca fue el encargado de realizar esa consulta, que se efectivizó en el Juzgado de Menores cerca de las 11.30 de la mañana de ese día, dos horas después de los hechos. En la instrucción, los investigadores consideraron que en ese lapso de tiempo se planificó y concretó el encubrimiento, con una réplica de arma plantada de por medio. En las indagatorias de este jueves, Romero e Inca aseguraron que la consulta se hizo “lo más rápido posible” y que la demora se debió a que los funcionarios judiciales a los que Inca consultó no terminaban de hacerse cargo de su jurisdicción en el hecho. 

Inca, en tanto, es el único de los imputados que refiere haber visto un arma –en referencia a la réplica– bajo el asiento del conductor de la Surán cuando llegó al lugar y que, por eso, y por la versión que les había transmitido la brigada de Isassi, elevó el hecho a la Justicia como una “enfrentamiento”. En su indagatoria de instrucción, el inspector Héctor Cuevas, uno de los primeros en llegar a Alvarado y Perdriel, aseguró en cambio que miró el auto por dentro y solo vio mochilas, un jugo, galletitas y un termo. El resto de los imputados por el encubrimiento eligió no hablar en la primera jornada, aunque se reservaron el derecho a hacerlo más adelante. 

Pedidos de nulidad

La primera audiencia del juicio comenzó pasadas las 10.20 de este jueves y terminó a las 19. Aunque estaba pautado que comenzara a las 9 de la mañana, una demora en los traslados de los catorce detenidos postergó el inicio. Finalmente, los imputados fueron ingresando pasadas las 10 y se sentaron del lado derecho de la sala, detrás de sus abogados. La defensa no es unificada, sino que está dividida en bloques, pero fue Soto el que comandó los pedidos de nulidad presentados tras las lecturas de las requisitorias de elevación a juicio.

El abogado pidió, en principio, la nulidad de las declaraciones testimoniales de Julián, Joaquín y Niven, al asegurar que fueron tomadas sin presencia de la defensa. También cuestionó la presencia como amicus curiae de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, que estuvo representada por el propio Horacio Pietragalla en la primera audiencia del juicio. Aseguró que no estaba claro su rol. Los dos pedidos fueron rechazados por el tribunal.

El tercer pedido, en tanto, dejó ver algunas de las líneas que puede llegar a tomar la defensa. Es que el abogado pidió la ampliación de tres medidas de prueba. En primer lugar, sobre el peritaje balístico pidió una prueba microscópica a las «adherencias» que se encontraron en los proyectiles, al argumentar que pueden implicar que hubo «rebotes» en la trayectoria. De allí parte una línea que buscaría probar que los policías no dispararon directamente contra los chicos. También pidió que se analicen en profundidad los impactos que había en el auto y, en último lugar, si se encontraron restos de caucho en la zapatilla de Nieva, para intentar probar el contacto del neumático con la pierna del policía.

Héctor González, padre de Lucas (foto: Bernardino Ávila).

Concentración y pedido de justicia

Venimos por la justicia y por la verdad”, dijo Héctor González, el papá de Lucas, en la previa del juicio. Hasta Comodoro Py llegaron en micros vecinos, amigos y familiares de la familia que colgaron en las rejas banderas pidiendo justicia por el chico. También se veían remeras de Barracas Central, el club en el que jugaba Lucas, y de Defensa y Justicia, el club del que era hincha. «A Lucas lo mataron por su cara y su color de piel. El tema que más sostengo es el racismo estructural», advirtió, por su parte, Gregorio Dalbón a las puertas de los tribunales. 



Source link