29/01/2023

Milagro Sala: El encuentro con Néstor Kirchner | A siete años de su detención, las cinco decisiones que cambiaron su vida, la de su organización y la del movimiento popular argentino



Desde San Salvador de Jujuy

Año 2003. Asume Néstor Kirchner. La Túpac toma una propuesta suya para construir viviendas a partir de una organización popular. Fue la segunda de las cinco decisiones que tomó Milagro Sala y que trasformaron su vida, la de la organización y la del movimiento popular en la Argentina, como dice el gran Alejandro “Coco” Garfagnini, coordinador nacional. La primera ocurrió años antes: construir la Tupac desde el movimiento obrero (ATE) y asumir a los desocupados como trabajadores. Las otras después: asumir la demanda del movimiento indígena a partir de la marcha nacional de los pueblos originarios en el marco del Bicentenario; enfrentar a Carlos Blaquier con el vínculo con el movimiento de derechos humanos y no rendirse y resistir al macrismo y la persecución. En aquel 2003, con Nestor comenzó la obra: las soluciones de salud, trabajo, recreación, la construcción de ciudadanía.

¿Cómo fue el primer encuentro con Néstor Kirchner?

— Con Néstor, salimos uno a uno. Alicia Kirchner nos mandaba a Coco que trabajaba en Desarrollo Social. Acá, nosotros estábamos cerrados: no queríamos saber nada con los partidos políticos, estábamos muy enojados. No construíamos pero teníamos una pequeña fábrica para arreglar ropa de los chicos, textiles, huertas comunitarias, comedores, copas de leche, centros comunitarios. Se admiraron. Preguntaban de dónde sacábamos plata para todo eso. Y uno de los compañeros, Beto de Parapetí, les mostró nuestro horno de barro: el famoso horno revolucionario. Hacíamos empanadas, pizza, comida para vender, y con lo que se recaudaba se mantenía el comedor. Venía Coco, ida y vuelta, hasta que lo convencimos de lo que era la Tupac, renunció al Estado y se viene con nosotros. Por eso digo que salimos uno a uno. Después de unos meses, no es que nosotros nos hacíamos los rogados, sino que todas las decisiones pasaban por asamblea. Y la asamblea ya había decidido que no queríamos saber nada con ningún sector político y creíamos que Néstor era igual a Menem, que dijo que iba a gobernar con el pueblo pero no fue así: la derecha pudo más que el pueblo. Pero Coco nos convenció y fuimos a Olivos.

¿Y qué pasó?

– El primer impacto con Néstor es que tenía un cuadro grandísimo y en el medio, una imagen de Túpac Amaru. Yo me quedé admirada. Él mismo me lo hizo mostrar. Tenía varias imágenes, pero Túpac estaba en el medio. Nos pregunta qué queríamos. Un compañero le dijo: No hemos pedido a ningún gobierno planes, si nos han hecho venir hasta acá, dennos algo. Y Néstor respondió: No les vamos a dar. Y ahí, cambiamos la cara: de sonreír, pasamos a tener cara seria.

– Pero, pará, pará, no te enojes –dijo él– porque sé que vos de cualquier cosa te enojas. Yo les voy a dar una cooperativa de construcción. En mi pago, construimos viviendas, se arman cooperativas y se construye viviendas –Yo estaba al lado, y me dijo: “Mirá, la construcción deja mucha plata, ustedes decidan qué van a hacer: si los dirigentes agarran esa plata, se pueden comprar lo que quieran, pero la gente se va a cagar de hambre, dedican ustedes”. Te imaginas, nosotros teníamos una mentalidad estatal, vivir bien, peleábamos cuando no había medicina en los hospitales, pateábamos las puertas en el hospital o al gobierno que gobernaba. No teníamos mentalidad de ir por planes o bolsones y nada más. Era mucho más amplia, y eso es parte de lo que muchos no nos perdonan. Cuando Néstor nos da la construcción de 200 viviendas, la primera vez por supuesto, nos peleamos mal con un ministro porque decía que no teníamos experiencia. Y a pesar de que no teníamos experiencia, le dijimos que teníamos cooperativa y teníamos todo. Es más, nos enojamos. “Entregale las viviendas a quien quieras, quién te crees que sos. ¿Te crees que me vengo a humillar con vos? No me vengo a humillar”, dije. Nos levantamos y cuando nos íbamos, Néstor nos manda a buscar y volvemos a Olivos. Pregunté qué pasó. “A dónde me mandó usted, Presidente”, dije yo. Y él: “No me digas de usted, soy compañero”. Comenté el problema. A la media hora, el ministro llegó a Olivos, Néstor lo puso en su lugar y le dijo: Si te dije que ellos lo van a hacer, lo van a hacer. Este funcionario nos desafió: ¿Qué pasa si no construyen las 200 viviendas y la plata desaparece? Y yo dije: Si es así, no firmes más convenios; pero si te hago esas 200 viviendas en menos de 6 meses, quiero que ustedes me dupliquen las viviendas y pasean a darnos 400. Dicho y hecho. En 4 meses y medio hicimos las 200 viviendas. Y las viene inaugurar Néstor. Y con la plata que quedó construimos una pileta, y también una sala de primeros auxilios. Alicia vio esa sala pequeña y nos dio para construir el primer centro comunitario: consultorio ondontológico, comedor, análisis clínicos, mini-hospital, lo hicimos en dos patadas y pasamos a ser el primero de la Argentina, y así construimos las viviendas.

2011: Milagro, la ola de toma de tierras y apagar un incendio

En 2011, hubo una toma de tierras improductivas del ingenio Ledesma organizada por la CCC, murieron cuatro personas y el malestar provocó una toma de tierras masiva y descontrolada en toda la provincia. En Jujuy había una mesa política encabezada por Eduardo Fellner, que no quería a Milagro Sala pero la llamó. Querían que apague el incendio. Ella pidió una herramienta política para negociar con la gente: así nació el proyecto de Un lote para cada familia. Pero los que esos días vieron a Milagro, dicen que lo que apagó el incendio es que ella hablaba el mismo idioma de la gente.
Un día yo estaba yendo a un congreso en Buenos Aires, no terminé de llegar al aeropuerto que me hicieron subir de nuevo al avión y volver a Jujuy para arreglar el tema de las tierras –dice–. Para nosotros las tierras es un derecho de cada ciudadano y no es justo que de la noche a la mañana te vengan a querer expropiar por expropiarte”. Y sigue: “No me olvido nunca una vez que habían tomado unas viviendas que estaban deterioradas. El Gobierno no las entregaba. No eran de las organizaciones, eran de una empresa que no las quería entregar porque quería cobrar más. Había una viejita de cerca de 85 años. Me pongo a hablar: ´Bueno, compañeros, veamos cómo hacer esto, acá hay una lista´. Y la viejita: ´A mi no me saques´. Era más petisita que yo, me dijo: “Todos estos papeles he presentado, Flaca´. Me los hizo mostrar. ´Nunca me quisieron dar bolilla –dijo– y por eso estoy con mis hijos y mis nietos acá, a mi no me van a sacar´. Y levantó así la remera, sacó el arma, y hizo dos tiros al aire. Y yo me quedé dura. Le dije que no la quería sacar, que le venía a decir que hablemos para que no venga otro y se la quite. Porque era un vendaval de sanpedreños, dos familias en una casa. Y yo decía: están todos amontonados y allá hay más viviendas. Así comenzamos a hablar, a entender que es un derecho de todo el mundo tener una vivienda, un pedazo de tierra y que estaba mal que sólo las usen algunos para hacer política o para las elecciones o que llegue un gringo de otro lado y se las quite como les había pasado a los hermanos originarios. Así hizo Blaquier, así hicieron los ingenios, así se armó Calilegua y hoy a pesar que estamos en el año 2023 sigue pasando lo mismo. Y no es que te vienen con la policía, hoy vienen con las maquinarias alrededor de las casas. Por eso digo que si ahora nosotros hubiésemos estado afuera, tenes por seguro que esto no pasa”.

Los 90: «Donde había una necesidad, estábamos nosotros»

“Siempre lo digo: las organizaciones nacieron por la torpeza de los sectores políticos porque no supieron administrar a la Argentina», dice Milagro Sala. «Los primeros planes los dio De la Rúa cuando Gerardo Morales era viceministro de Desarrollo Social. Nos organizamos. Veníamos de sufrir la desocupación, tocar las puertas de los hospitales y que no había medicamento; los padres de los compañeros te decían que no podían mandar a sus hijos a la escuela porque no tenían un par de zapatillas; veníamos la discriminación por la discriminación porque el pobre no podía entrar a cualquier escuela. Para hacer ejercicios necesitaba zapatillita blanca, pantalón cortito azul, o tenía que ir bien vestido. Los pobres no podían entrar al centro. Nos costó mucho instalar otra cosa y creo que es parte de lo que no nos perdonan: los derechos que las organizaciones sociales les dieron a los que menos tienen. Hemos enseñado que por más que venga un gringo o alguien de traje y te diga que sabe todo, y si crees que tenes razón, discutilo. Discutí hasta las últimas consecuencias. Y así hemos ganado campo en varios sectores: cuando aumentaba el boleto, la Tupac estaba ahí con las Red de organizaciones sociales; cuando aumentaba el gas, con los despidos a estatales, ahí estábamos nosotros. Donde había una necesidad estábamos nosotros».



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