29/01/2023

Qué dijeron los rugbiers que mataron a Fernando Báez Sosa | El rompecabezas de declaraciones de los acusados



Las voces de los cinco acusados que declararon en el juicio por el crimen de Fernando Báez Sosa son piezas de un rompecabezas. Aisladas, solo representan lo propio: un intento de cada imputado por desligarse de acusaciones puntuales efectuadas contra ellos. Juntas, conforman un relato unificado de la versión de los hechos propuesta por la defensa: un forcejeo en un boliche, una borrachera y una «pelea» con desenlace fatal. En los alegatos, la versión deberá esquivar el obstáculo de todas las pruebas y los testimonios que la contradicen.

«Espontánea»

Cuando en el mediodía del 12 de enero Luciano Pertossi levantó la mano, la sala quedó suspendida en un silencio. Era la primera vez que uno de los acusados pedía hablar, y lo hacía, además, interrumpiendo la declaración testimonial de cuatro peritos de la Policía Federal, que tuvieron que retirarse de la sala para cederle su lugar al menor de los Pertossi. Al salir de la audiencia, su abogado, Hugo Tomei, dijo que la declaración fue «espontánea»

Aquel día el joven de 21 años no dijo mucho. «Yo no estaba ahí«, aclaró, sobre un video grabado desde la vereda opuesta al ataque. Minutos antes la querella había insistido a los peritos para que identificaran a una persona vestida de oscuro que se va desde la parte trasera de un auto hacia el lugar en el que atacan a Fernando. Finalmente, por descarte, su nombre terminó apareciendo. 

Era la primera vez que lo identificaban como atacante directo de la víctima, algo que la Fiscalía no mencionó en sus lineamientos, ya que lo ubicaba como uno de los que no dejaron pasar a los amigos. Así, la declaración de Pertossi tuvo un primer objetivo individual: sacarse a sí mismo del ataque a Fernando. En perspectiva, sin embargo, la declaración aparece como la primera ficha de un rompecabezas de cinco piezas.

«Jamás en la vida»

En todo juicio hay un lugar común: siempre hay una palabra que es «la más esperada». En general, otro lugar común, es la del acusado «más complicado». Ese es, sin dudas, Máximo Thomsen, que el lunes pasado rompió el silencio y se transformó en el primero de los imputados en esbozar un relato estructurado de lo que, según ellos, ocurrió en la madrugada del 18 de enero de 2020. Fue el primero, también, en plantar la semilla de la idea básica que sostiene a la estrategia de la defensa: «Jamás en la vida tendría la intención de matar«, dijo en un discurso que luego repetirían sus amigos y que apunta a negar el dolo y los dos agravantes propuestos por la Fiscalía y la querella al homicidio que les achacan: la alevosía y la premeditación.

Thomsen dijo que dentro del boliche no tuvo ninguna pelea. Que solo reaccionó cuando vio que los patovicas sacaban a un amigo y que luego lo sacaron violentamente a él. Agregó que, ya afuera, vio que uno de sus amigos entraba a una ronda de «desconocidos» a pelear y que entonces fue hacia allí. Reconoció haber pegado «una o dos patadas«. No podía hacer otra cosa: la impronta de la suela de su zapatilla quedó marcada en el rostro de Fernando y los peritos de videos lo ubican pegándole «de manera constante», al igual que la gran mayoría de los testigos presenciales, amigos de Fernando y terceros. También Thomsen fue el primero en hablar abiertamente del tema alcohol. «Estábamos medio mamados», refirió en un tramo de su declaración. 

«No estaba muy lúcido»

«Yo estaba totalmente borracho«, lo siguió Blas Cinalli en su declaración del miércoles. A la borrachera también atribuyó los mensajes que envió. Entre ellos se encuentra el que le mandó a un amigo ajeno al grupo, en el que le dijo «flasheamos, creo que matamos a uno«. Consultado por la Fiscalía sobre ese mensaje, dijo que «eso escuchaba de los vecinos y se lo repetía a mi amigo. No estaba muy lúcido ni tenía claro lo que había pasado, no creía que había pasado lo que decía la gente».

Cinalli contribuyó a reforzar la idea de la «pelea». Se refirió abiertamente a los hechos con esa palabra y dijo que «un chico«, en referencia a Tomás D’alessandro, uno de los amigos de Fernando, «estaba tacleando a un amigo y lo tomé como forma de agresión». «Lo sigo porque pensé que iba a tirar a mi amigo. El chico lo agarró del pie. Le digo ‘soltalo, soltalo’ y me agarra a mí del pie. Pensé que me iba a caer. Cuando logro zafar le pego una patada«, agregó. 

El joven también buscó desligarse del ataque directo a Fernando. Su caso es complicado porque su rastro genético es el único que se halló en el cuerpo de la víctima, en su meñique izquierdo. «Se dijo que tenía mi ADN. Yo en ningún momento le pegué, supongo que será la persona de adentro del boliche«, dijo sobre esto. Momentos antes había referido a un «forcejeo» que tuvo «con otro chico» dentro de Le Brique. La Fiscalía y la querella, en tanto, lo ubican como uno de los que lo golpearon fuera del boliche. 

«Pelea»

Lucas Pertossi, el mayor de los Pertossi, primo de Luciano y de Ciro, fue el otro acusado que intentó despegarse del ataque directo a Fernando. También se ubicó como uno de los agresores de D’alessandro, aunque, al igual que Cinalli, no lo llamó por su nombre: «Veo a un amigo al que lo agarran del pie queriéndolo tirar al piso. Le digo al chico ‘soltalo’, le pego dos patadas, se intenta parar y yo me voy caminando», aseguró, sobre lo que consideró una «pelea«. Su caso es diferente al de Cinalli porque la Fiscalía no lo ubicó como atacante de Fernando y los peritos de video también lo identificaron como agresor de D’alessandro. 

Sobre la agarrada de pie a la que refieren Cinalli y Pertossi, D’alessandro dijo en su testimonial: «Yo trato de separar pero antes de poder hacerlo me terminan tirando a mí también al piso. Me agarro de la pierna de uno y me termina pegando una patada». La escena que se ve en el video grabado desde la vereda opuesta muestra a un chico tirado en el piso, que intenta agarrarse de un pie mientras le pegan patadas. 

En su declaración, en la que no aceptó responder preguntas, Pertossi también se refirió a uno de los audios de WhatsApp que constan en la causa, en el que dice a sus amigos que alguien «caducó«: «Me crucé con un chico y él me contó lo que pasaba. ‘Lo único que sé es que hubo una pelea afuera del boliche y caducó un pibe’, me dijo, y yo mando un audio explicando lo que me había relatado este chico«, sostuvo, atribuyendo el origen de la palabra a esa persona. La Fiscalía y la querella creen, en cambio, que Pertossi volvió a la escena para ver qué pasaba y avisó a sus amigos

«Frené la patada»

Ciro Pertossi también esbozó una explicación alternativa al audio en el que se lo escucha advertir que «no se cuenta nada de esto a nadie«. Dijo que un amigo había advertido que en Zárate ya se estaban corriendo rumores de la «pelea» y que él no quería que sus padres se enteraran. Su declaración fue casi tan escueta como la de su hermano Luciano. Se identificó a sí mismo en el video del final del ataque, pero «aclaró» que en realidad «frenó» la última patada que se observa, al ver a Fernando tirado en el piso.

Nada dijo sobre el otro de los videos, registrado por su primo Lucas, a quien los jóvenes le decían «Croniquita» porque grababa todo, en el que se lo ve como uno de los primeros agresores de Fernando. «Aborda por detrás a la víctima golpeándola y reteniéndola luego en el piso«, dice el peritaje sobre su actuación al inicio. El otro identificado en ese momento es Enzo Comelli, de quien los peritos dicen que «al principio efectúa golpes sobre la víctima». Comelli, Matías Benicelli –en su ropa se halló sangre de Fernando– y Ayrton Viollaz –ubicado como «arengador»–, fueron los tres que no declararon.

El rompecabezas

Las cinco piezas conforman un relato unificado centrado en la idea de que los acusados siempre creyeron que el hecho era una «pelea» y que no tenían ningún objetivo en particular. Thomsen dijo que no tuvo conflictos dentro del boliche y Cinalli, el único que se hizo cargo de un «forcejeo» con quien «supone» que era Fernando, dijo no recordar si la persona de afuera era la misma que la de adentro. El relato excluye así la idea del dolo y de la premeditación. A eso se le suma la borrachera, como argumento de que no estaban del todo conscientes de lo que ocurría. 

Una secuencia que parece orientarse a buscar la tipificación de «homicidio en riña«, que prevé penas de entre dos y seis años. El detalle es que, en dos semanas y media de audiencias testimoniales y probatorias, no hubo nadie, testigo o perito, que hablara del hecho como una «pelea», ni que refiriera golpes por parte de Fernando o de sus amigos a alguno de los acusados. Tampoco en los videos se observa algo similar. 



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