
El PRO espera las elecciones bonaerenses atado a la suerte de La Libertad Avanza, con quien se fusionó en las listas, salvo en el caso de algunos (pocos) intendentes. No obstante, esto no implica que haya ligado su destino a los violetas para siempre. Mauricio Macri mantiene silencio sobre el caso de las coimas y los audios de Diego Spagnuolo por el que acusan a Karina Milei. Recomendó prudencia a su tropa y dejó que el oficialismo se arregle como pueda para explicar el escándalo. Tampoco calló a quienes se opusieron a los ataques a la prensa. En la última votación del Senado, dio libertad de acción los senadores propios. Y hace una semana echó a los dirigentes de Patricia Bullrich de la conducción del PRO. Son todas acciones de un dirigente político que elige esperar y ver si Javier Milei conserva la popularidad que tenía hace dos años en las elecciones bonaerenses y en las nacionales.
El cierre de alianzas bonaerense terminó con Cristian Ritondo festejando que había conseguido meter a todos los intendentes del PRO en el acuerdo. No obstante, al final no fueron todos: el pacto se selló con promesas que luego no se cumplieron, como que los intendentes iban a conservar mayormente el control de su lista de concejales. Pero a la hora del cierre de listas, esa premisa solo fue real para la intendenta de Vicente López, Soledad Martínez (y solo cuando era inminente que ella también rompiera). Para el resto, estaba la lapicera de Karina Milei, que les dejaba un porcentaje bajo de las listas (¿un tres por ciento?) y se llevaba la parte del León.
Esto llevó a que, sobre el cierre, se fueran conociendo uno tras otro los portazos de intendentes del PRO que partieron cada uno a hacer su propio acuerdo (todos terminaron en lugares distintos). Fueron Pablo Petrecca, de Junín; María José Gentile, de 9 de Julio; Javier Martínez, de Pergamino y Diego Reyes, de Puán. Partieron alternativamente a formar parte de otros armados como el Somos Buenos Aires, el Hechos de los Passaglia y el Potencia de María Eugenia Talerico.
En sus distritos, seguramente resten votos a las fórmulas violetas este domingo, aunque por la dispersión que caracterizó la salida de intendentes del PRO (no formaron un frente único, por ejemplo, todos en Somos), será dificil de medir que impacto tendrán esas fugas. Por otro lado, hay que decir que la mayoría de los intendentes del PRO terminaron dentro del acuerdo con LLA, al menos por este año. Algunos, como el de Mar del Plata, Guillermo Montenegro, se mostraron más convencidos (al intendente costero se lo vio al lado de Milei en el cierre de campaña, e incluso suena como potencial ministro de Seguridad nacional). A otros, como la mentada Martínez, se la vio poco y nada en la campaña: defenderá su terruño y luego será momento de replantear las alianzas.
Que Macri ve estas elecciones (tanto las bonaerenses como las nacionales) como una alianza circunstancial quedó expuesto cuando echó a dos dirigentes de Bullrich de la conducción del PRO: Damián Arabia y Pablo Walter. Antes de ejecutarlos, el “Killer” (como le dicen en redes a Macri) mandó al secretario del partido, Facundo Pérez Carletti, a recomendarle a Arabia que renunciara por sus propios medios. Pero esa conversación terminó con insultos y Macri tuvo que estampar su firma en la salida. Lo central está en el intercambio por Twitter que tuvieron Arabia y Pérez Carletti. Entre chicana y chicana, al secretario de Macri se le escapó un dato clave en la última parte de su tuit: “El PRO tendrá un profundo debate (post elecciones de medio termino) de cara al 2027 y no se va a poder estar de
los dos lados del mostrador“.
¿Qué quiere decir ese “profundo debate” que tendrá el PRO post elecciones? ¿Y qué significa que no se podrá estar “de los dos lados del mostrador”? Si un lado es el PRO, el otro es claramente LLA, donde ya lo ubicó a Arabia (y a Bullrich). Lo que hace que sea sencillo deducir que el debate profundo será si seguir con LLA o no. En esto está pensando Macri.
Para decidir, al Calabrés (otro apodo que le han dado, por su tendencia a juntar rencores) no se le olvida las humillaciones a las que lo sometió Karina Milei. Pero es un hombre pragmático: por ahora, guarda silencio y espera a ver cómo le va a los hermanos Milei en las dos elecciones que vienen. Una cosa será si conservan su capital político, otra es si los resultados los muestran débiles.
Macri ya huele esa debilidad en la pérdida del control del Congreso, en la incapacidad para manejar la calle que mostraron en las caravanas de campaña y en los problemas (hasta ahora tapados) con las variables macroeconómicas. Por eso, mandó a su tropa a retirarse lo más posible de la campaña. E instruyó a quienes siguen teniendo visibilidad (como Diego Santilli y Cristian Ritondo) a ser prudentes en lo que dicen sobre las coimas atribuidas a Karina Milei. Macri, por su parte, no dijo nada. El mensaje es claro: “Que se arreglen ellos para explicar lo de Spagnuolo”. Que se arreglen solos.
Lo mismo pasó con las decisiones antipáticas como el veto a las personas con discapacidad. Macri, que en otro momento bancó vetos antipopulares, acá no vio el sentido. Tuvo un Zoom con sus senadores donde les recomendó dejar libertad de acción. Y así, los números de la insistencia que volteó por primera vez un veto de Milei fueron aún mayores que cuando se aprobó la ley.
Son todas señales de un Killer que ya está oliendo sangre, pero que va a esperar al resultado de las elecciones para empezar a moverse.


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