
Durante décadas nuestro país fue construyendo una política nuclear singular en América Latina: desarrollo propio, control estatal del ciclo de combustibles y una apuesta sostenida por la ingeniería nacional. Así, la Argentina cuenta con el CAREM 25, que es un pequeño reactor modular (se conocen como SMR) diseñado por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) e INVAP, y que orgullosamente simbolizó el camino y desarrollo de nuestro supuesto “viejo” programa nuclear. Y todo marchó viento en popa y con sólido orgullo hasta que en 2025 el gobierno de Javier Milei frenó el proyecto y reorientó la estrategia nuclear argentina hacia la adopción de tecnología estadounidense.
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La cuestión nuclear: Si la milonga desafina, suena mal

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