
“Un diálogo patético” podría intitularse el encuentro del Toto de Wall Street con los CEOs súper millonarios. El ministro, que va por su tercera gestión luego de los dos anteriores fracasos, interrogó a sus mentores de la burguesía nativa: “si les facilitamos todo, ¿por qué no invierten?”. Se trata de una confesión desprovista de todo pudor y escrúpulo, por su sentido abiertamente clasista. Sin embargo, la respuesta fue la típica de una corporación que siempre va por todo: “bajen más aún los impuestos”. Algo así como: ya que este gobierno de Milei y el trumpismo es tan nuestro, aprovecharemos la oportunidad. No queremos pagar por nada. Todo lo que hacemos será destinado a ganancias y luego nos veremos obligados a sacarlas hacia guaridas fiscales, ya que aquí no hay seguridad jurídica. Lo incomprensible del diálogo en cuestión es que el ministro que trabajó (¿en tiempo pasado?) para el J.P. Morgan aspire a que este empresariado los aplauda. No asume que lo determinante en su accionar es el axioma escorpiano: está en su naturaleza. Los sectores populares y democráticos son los primeros que lo deben tener en cuenta a la hora de definir de dónde saldrán las riquezas para afrontar la fenomenal deuda interna con los núcleos empobrecidos y las clases medias.
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Realidad versus vendedores de alegrías

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